Origen

Origin

Cerca de doscientas mujeres se reunieron en ceremonia en el Instituto Omega el sábado 11 de octubre del año 2014 para ser las primeras en recibir cierta transmisión energética -un rito- de parte de un linaje de mujeres quienes se liberaron del sufrimiento.

Con un semicírculo de hombres tamborileando y cantando en los perímetros de la habitación, cada mujer caminó por un sendero metafórico a través de las trompas de falopio hacia el útero, donde fueron recibidas por una mujer chamán quien le entregó el “13º Rito del Munay-Ki “-el Rito del Útero- con la intención de sanar en las mujeres el el miedo y el dolor que llevan en su vientre.

Después de haber recibido las semillas de la curación, cada mujer procedió hacia el canal de nacimiento ceremonial hacia una nueva vida, donde fueron recibidas y apoyadas en amor por los hombres.

Marcela Lobos fue la primera en recibir este rito en Marzo del 2014 –luego de un viaje de doce años que ella nunca hubiera previsto en el año 2002, cuando tuvo un sueño que lo comenzó todo.

En este sueño, ella estaba llevando en su vientre a un bebé muerto. Habiendo crecido en Chile en años de dictadura y terrorismo Marcela siempre estaba en el miedo, y en su sueño el terror la tenía casi paralizada. Entonces cuatro parteras vestidas de blanco llegaron a ayudarle a dar a luz a su bebé muerto mientras que hombres con armas de fuego hostilizaban fuera de su puerta. Marcela despertó sobresaltada y removida sintiendo que el sueño era significativo, pero no entendió su significado.

Dos años más tarde, mientras ordenaba su habitación, uno de sus diarios de vida cayó al suelo y se abrió directamente en la página que describía ese sueño. Después de una lectura superficial del mismo, volvió a poner el diario en el estante para centrarse en sus tareas. Ese mismo día en la tarde un golpe brutal llegó a la puerta de su casa.

Al igual que sucede con las personas con síndrome de estrés post-traumático, Marcela fue instantáneamente transportada a su pasado de guerra, terror y opresión, y entró en un espiral de pánico.

Marcela llevaba unos meses estudiando la Rueda Medicinal en la escuela The Four Winds Society, y en esos momentos pudo oír una voz que le dijo: “Marcela, aplica lo que sabes”. Entonces apareció el espíritu femenino de un jaguar quien le aseguró: “Te enseñaré el camino del guerrero luminoso. Concéntrate en tu luz.”

Todo parecía negro para Marcela, pero al seguir la guía del felino, su propia luz comenzó a envolverla y a crecer hasta llenar toda la habitación. Su terror comenzó a disiparse rápidamente y los golpes pronto dejaron de oírse.

En ese momento las cuatro parteras de su sueño aparecieron por la chimenea encendida de su pieza y le susurraron: “Ahora es el momento de soltar ese bebé muerto”. Inmediatamente Marcela comprendió que su “bebé muerto” era el miedo que había cargado dentro de su vientre durante casi tres décadas”.

Marcela se acercó hacia la chimenea, y las parteras posaron sus manos sobre el vientre de ella ayudándole a soltar todo su miedo y entregándoselo al fuego. Luego en un baile de celebración las mujeres le dijeron: “Marcela, ahora tienes el conocimiento y  la plataforma adecuada para transmitir este mensaje al mundo. Estaremos cerca tuyo y seguiremos enseñándote”.

Durante diez años este linaje de mujeres fortaleció y apoyó a Marcela en su entrenamiento chamánico y se mantuvo a su lado mientras guiaba viajes a la selva y a los Andes de Perú y Chile.

Pero no fue hasta Marzo del 2014 cuando le dijeron a Marcela que había llegado el momento de compartir el rito del útero.

Marcela había llevado a un grupo de mujeres a trabajar con chamanas de la nación Shipibo en la selva amazónica, y durante una de las sesiones medicinales fue nuevamente recibida por las parteras quienes le dijeron: “Marcela, tu vientre está listo para recibir y ofrecer el 13º Rito del Munay-Ki. Te vamos a dar la transmisión.

El linaje de mujeres procedió entonces a transferir gran sabiduría sobre la vida en el cuerpo de Marcela. Le inyectaron por sus venas un jugo verde brillante provenido de una cuidadosa selección de plantas de la selva. Luego llevaron ese jugo a su vientre formando una esfera de energía verde neón.

“Esta fue una purificación de mi cuerpo y de mi psique” -dijo Marcela. “Y al darme la medicina me dieron el rito, y me dijeron que se lo transmitiera a tantas mujeres como sea posible.  Me explicaron que también sanaría a los hombres y a la vida”.

La transmisión fue acompañada con las siguientes palabras:

“El útero no es un lugar para guardar miedo y dolor. 
El útero es para crear y dar a luz a la vida”.

El linaje instruyó a Marcela a que le diera en primer lugar el rito a su propia madre, al útero donde ella se engendró y maduró para nacer. Y así ella visualizó a su madre en el mismo espacio y sintió que sus úteros se convirtieron en uno. Entonces le susurró las palabras del rito a su madre y vio el verde vibrante de su propio útero transferirse al de ella.

Marcela continuó “recibiendo instrucciones” sobre cómo llevar esta iniciación a un público más amplio y el 11 de Octubre lanzó el Rito del Útero al mundo con las mujeres en el Instituto Omega. Una semana más tarde se dio el rito a otras doscientas mujeres en California, y a otras doscientas mujeres en Miami a finales del mismo mes.

El 30 de octubre, Marcela escribió esta carta a todas las mujeres que habían recibido el rito:

Queridas mujeres,

Estoy muy agradecida por cada una de ustedes que recibieron el Rito del Útero y también estoy muy agradecida de que quieran compartirlo con otras mujeres.

Después de los eventos en Omega, Miami, y Joshua Tree, me siento completa con la tarea de entregar este rito al mundo.

Ahora le pertenece a todas las mujeres que están abiertas a recibirlo, y también a los hombres que lo consideren esencial para su sanación.

Ahora le corresponde al linaje seguir llevando esta bendición a las cuatro esquinasdel mundo, y de esta manera, traer sanidad a nuestra Tierra.

Y ahora tú eres el linaje tanto como yo soy el linaje. Nos estamos convirtiendo en aquellas mujeres que se liberaron del sufrimiento.

Sigan nutriendo el rito hasta que no haya más miedo o dolor en sus úteros.

Mucho amor siempre,

Marcela Lobos

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